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Layover en Hong Kong

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My layovers. Blog Clara Colorín Colorado. Layover en Hong Kong
My layovers. Blog Clara Colorín Colorado
My layovers. Blog Clara Colorín Colorado. Layover en Hong Kong

Este mes tengo reserva y eso significa que no tengo calendario de vuelos, cubro bajas. No tengo roster. Hoy amanezco en casa y mañana quizá en Singapur, Houston o Casablanca. Es como la ruleta rusa. Me dirijo al aeropuerto con mi maleta a cuestas, una maleta que incluye tanto ropa de verano como de invierno. Tengo un standby en el aeropuerto. Puede que me llamen para un vuelo o puede que regrese en cuatro horas. He salido de casa pasadas las 00:00 porque en ese momento comenzaba el cumpleaños de Clara y quería felicitarla antes de dejarla sola durante, posiblemente, días. A las 00:30 llego al aeropuerto y diez minutos más tarde veo que me han puesto un vuelo a Hong Kong, lo que se traduce en layover en Hong Kong. Llamo corriendo a Clara. Con suerte puede que llegue al aeropuerto y entre en el vuelo. Un minuto más tarde me llaman para confirmar que he visto el vuelo. Me dirijo hacia la puerta de embarque y veo que va lleno, sólo hay un asiento libre.

“Se cierra el vuelo y de verdad comienza mi cumpleaños, en un vuelo a Hong Kong”

Clara: Que vuela a Hong Kong, que tengo que correr, que cierran el vuelo, que puede que llegue pero no entre porque va lleno. ¡Layover en Hong Kong! Digerir esto con una toalla en la cabeza no es fácil, sólo puedes hacer una cosa: CORRER. Diez minutos después estoy vestida, con la peor maleta que he hecho en mi vida y revisando cien veces que llevo el pasaporte. También chequeo el tiempo, es la primera vez que viajo a Asia. Me dan el billete en cuanto llego, sin esperas. Tengo el último asiento que queda. Se cierra el vuelo y de verdad comienza mi cumpleaños, en un vuelo a Hong Kong.

Veo la cabeza de Clara al fondo y mis compañeras a su alrededor asombradas le preguntan “¿pero cómo lo has hecho, cómo lo has conseguido?”. Clara se ríe. Ella no es consciente de su gran hazaña. Sólo alguien que trabaja en aviación puede llegar a entenderlo y lo catalogamos como milagro. Nos vamos de layover a Hong Kong. Es un vuelo nocturno así que le llevo unos tapones y le sugiero que intente dormir, el día siguiente va a ser largo. Pero antes de nada le pido que escriba a Jesús.

Lo mejor de un layover en Hong Kong, el bonus extra

Conozco a Jesús desde que tenía 15 años, es de los amigos de la sierra, a su lado he pasado los mejores veranos, esos en los que empiezas a salir y te significas bailando. Parecíamos Locomía con una chinche bajo la ropa. Hace unos años Jesús se enamoró y a los tres meses decidió que dejaba Madrid por Hong Kong. Las croquetas de Casa Toni por los dumplings, las cañas con los amigos por la aplicación para aprender cantonés y su traje de chaqueta por el pijama. Vio ventajas, está claro.

Clara: Vaya vuelo, el peor de mi vida. La niña de al lado no para de llorar, no sé qué hacer, los tapones no sirven para nada. A una hora para aterrizar y asumiendo que ya no voy a conseguir dormir decido hacerme amiga de la niña. Se llama Shakira y tiene 2 años. Su madre me cuenta que vienen desde Buenos Aires con escala en Dubai y que cuando lleguen a Hong Kong aún les quedará camino por recorrer. Ahora entiendo las lágrimas de Shakira, está agotada y le duelen los oídos.

Ready, Steady and Go!

Tras el aterrizaje y ya en el autobús de camino al hotel con el resto de la tripulación le voy contando a Clara los lugares por los que pasamos, le comento que Hong Kong se encuentra entre montañas, que está constituida por varias islas unidas por puentes larguísimos…pero Clara se ha quedado dormida.

Clara: Después de una dura lucha conmigo misma he caído inconsciente presa del sueño, víctima de las treinta horas que llevaba despierta. Jamás se me ha dado bien unir días, ni cuando tenía dieciocho años e iba a la universidad. Mis compañeros iban de empalmada a las clases del viernes. Yo nunca fui de esas. Yo nunca pude ser de esas.

First Stop

Ya en el hotel después de una ducha para despejarnos y un festín de galletas bajamos al lobby. Hemos quedado con Sharon, la mujer de Jesús, una auténtica business woman. Salimos de Causeway Bay hacia Kowloon. Es la primera vez que voy en taxi por Hong Kong porque los taxistas no suelen hablar inglés, este tampoco lo hace pero Sharon se comunica con él en chino. Por si no lo he dicho aún, Sharon es hongkonesa. Con 7861 rascacielos, Hong Kong tiene el mayor skyline del mundo. Desde Kowloon las vistas de la bahía de Hong Kong Island son magníficas aunque suele haber bruma y esto reduce la visibilidad, hoy es un día de esos. Aún así se puede ver el Bank of China, el famoso HSBC colgando, el IFC, etc. Edificios que rozan las estrellas, cómo no sobreponerse a una bruma.

Skyline de Hong Kong un 1 de marzo. Layover en Hong Kong. Clara Colorín Colorado
Skyline de Hong Kong un 1 de marzo lleno de bruma.

Second Stop

Tras un paseo contemplativo toca comer algo. Sharon nos lleva a un centro comercial para adentrarnos en sus profundidades. Nada que ver con el descenso al epicentro de Londres. Este es un lugar que emana humo y un aroma que da hambre. Estamos en una food court rodeados de dumplings, dim sums, noodles, arroces y palillos. Con la tripa medio llena nos vamos a buscar a Jesús. Hemos quedado en un lugar muy concurrido pero no es difícil, es el occidental que sobresale con cabeza rubia junto a una Hello Kitty gigante. Tras un abrazo y un “qué tal macho” llegamos al restaurante. Piden Sharon y Jesús, los expertos. Poco a poco van llegando tantos platos que amenazan con quitarnos el sitio. Si algo me gusta de la comida china a parte de su sabor, obviamente, es esto, la cantidad de platillos que usan. Disfruto de este espectáculo gastronómico como si fuera un niño en la mañana de Reyes. Tras una lucha con los palillos, cervezas, risas y un postre que intenta ser tarta de cumpleaños pero que no lo termina de conseguir, nos despedimos de nuestros amigos prometiendo volver pronto.

Third Stop

Ahora tengo que enseñarle a Clara la vida nocturna, uno de mis imprescindibles en casi cualquier layover en Hong Kong. Unas calles atrás nos aventuramos a explorar los suburbios. Calles estrechas llenas de quioscos de comida, gente bebiendo y comiendo. Mercadillos llenos de falsificaciones, visionarios que aseguran saber leer tu suerte y letreros luminosos por todas partes. Es el Hong Kong que me gusta, quizá no el más elegante y sofisticado pero sí el más auténtico. Después de un brindis acalorado con unas latas del Seven Eleven en Lan Kwai Fong nos metemos en un bar. Hay música en directo, una banda de filipinos. Pasado un rato salimos dirección Central, quiero llevar a Clara a las famosas escaleras mecánicas y acabar la noche en un Fresh Live Crab con una Tsingtao porque no todos los días se viaja en el tiempo para cumplir años en Hong Kong.

Clara: Llegamos al hotel extasiados. He tenido un cumpleaños histórico con amigos que no esperaba ver, palillos que me hacían la guerra, luces por todas partes, autobuses de dos pisos con la publicidad más chula que he visto jamás y comida, mucha comida.

Last Stop

Recuperada la energía, tras 8 largas horas de sueño, subimos a Victoria Peak que ofrece vistas de Central, Victoria Harbour, Lamma Island y los alrededores de Hong Kong. Tenemos la suerte de que no hay cola en el funicular y de esta manera nos despedimos de Hong Kong, desde las alturas con un poco de bruma.

2 comentarios en «Layover en Hong Kong»

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