
Los de mi generación fuimos afortunados de manera incalculable. Jugábamos en la calle a la comba, al cuco o a las palmas, montábamos en bici y dábamos patadas al balón hasta que nuestros padres nos llamaban a voces avisando de que la comida estaba en la mesa. Ellos mismos nos llevaban al parque y nos veían subir y bajar una y otra vez del tobogán sin teléfono móvil de por medio. Sabían que recordaríamos el momento porque no nos quitaban ojo. Algunos niños incluso teníamos un descampado cerca de casa en el que dar rienda suelta a la imaginación. Tan camaleónicos éramos que podíamos ser una versión de los Goonies o Indiana Jones, escapar de los malos por pasadizos secretos y encontrar tesoros donde los adultos veían basura. Todavía mantenemos una ensaladera enorme y un plato hondo de la misma vajilla que hallé entre las zarzas y que mi familia utiliza sin saber su procedencia. Vivimos la llegada de un líquido mitad refresco mitad agua bendita llamado Aquarius, los dinosaurios por primera vez cobraban vida en Jurassic Park con tan solo hacer temblar un vaso de agua y durante horas ininterrumpidas los canales de televisión nos brindaban programación infantil. Teníamos series de dibujos a mansalva. Entre esas maravillas estaban Campeones con sus campos de fútbol interminables, un cuarteto de animales que respondía al nombre de Los Trotamúsicos, la heroicidad de Los Caballeros del Zodiaco, los Fruitis que vivían en el interior de un volcán, el pobre Marco con su mono Amedio en la búsqueda intercontinental de su madre y, cómo no, Heidi, con sus Alpes y su abuelito, uno de los personajes infantiles más especiales de todos los tiempos.
Volver a ser niños en Maienfeld
Hace unos años pusimos rumbo a Maienfeld para conocer el mundo de Heidi, respirar el aire de sus montañas y, dejándonos llevar por la ilusión, volver a ser niños. Un bálsamo anti edad que no se vende en farmacias. Me faltó correr descalza por los prados como la hacía su protagonista pero sin duda es uno de los lugares que más me han emocionado. El libro escrito por Johanna Spyri en el que se basa la serie japonesa ofrece ligeras diferencias. En algunos capítulos hay mayor carga religiosa y personajes míticos como Pichí o Niebla no existen en sus páginas, fueron inventados por el equipo dirigido por Isao Takahata para la serie de anime que se estrenó el 2 de mayo de 1975 en Televisión Española. Sepa el lector que el retrato de la señorita Rottenmeier es fidedigno. Lo sorprendente es que España fue el primer país en emitirla fuera de Japón y rápidamente se convirtió en un fenómeno televisivo y cultural. Heidi era afín a buena parte de los valores que el régimen franquista promovía, como la familia o el sentido del deber, pero también aportó enfoques revolucionarios entre los que destacaron la libertad individual, la independencia femenina y la compasión universal. Cincuenta y dos maravillosos capítulos plagados de emociones y sentimientos con los que la niña huérfana se metió a la sociedad española en el bolsillo. Tanto es así que una de las mayores protestas televisivas que se han vivido ocurrió el día que RTVE interrumpió su programación habitual para dar cobertura al fallecimiento del dictador y el correspondiente luto nacional. Sin previo aviso el capítulo que tocaba fue emitido fuera de su franja horaria, lo que provocó que el público se lo perdiera. Los espectadores no solo se atrevieron a protestar sino que además la cantidad de quejas recibidas provocó que el canal decidiera compensarlos emitiendo dos capítulos seguidos el sábado siguiente.
Los recuerdos de Johanna Spyri
Pocas series (o ninguna) con una cabecera más evocadora. Una alabanza a la naturaleza alpina, al mundo rural y a la bondad. Señoriales montañas por las que resbala la nieve de las cumbres, jugosos pastos en los que corretean las cabritas, una lluvia de margaritas y un columpio en el que Heidi vuela igual que lo hacen los pájaros son algunas de las bucólicas imágenes que acompañan la feliz melodía que ha unido a varias generaciones frente al televisor. La autora Johanna Spyri, de la misma manera que su protagonista, era una niña sensible que amaba la naturaleza y padeció una enorme tristeza el día que dejó de escuchar la música de los abetos y las montañas se cambiaron por un espeso bosque de altísimas chimeneas enmarañadas por el cielo plomizo de la ciudad. La joven Spyri a sus catorce años sentía que se asfixiaba. Recibía clases de idiomas y de música, pero en los minutos que le quedaban libre apoyaba la cabeza en el marco de la ventana y se sumía en la melancolía. Una década después se casó con Bernhard, quien trabajaba ya como redactor y editor de un importante periódico de Zurich. La influencia de los círculos literarios en los que se movían y el trabajo de él fueron el germen para que Johanna vislumbrara en la narrativa una salida. Durante su depresión postparto la escritura se convierte en una forma de terapia y evasión. Es su esposo quien le anima a estrenarse profesionalmente como narradora de cuentos. Su obra cumbre no llegó hasta la guerra franco-prusiana, momento en el que trata de hacer la realidad más amena y reconfortante para su hijo, mimarle con chispazos de esperanza en un mundo en el que la luz la aportaban las bombas y el fuego enemigo. De sus recuerdos y de su talento nació Heidi. Son muchas las similitudes con su biografía. Su amiga de la infancia, Heidi Schwaller, y su marido Pedro fueron parte de la inspiración para construir a los personajes que acompañarían a la alegre protagonista. Representaban la amistad más pura.
Tiempo para ser niños
De igual manera que Johanna Spyri buscó el consuelo en la literatura escribiendo Heidi, Antoine de Saint-Exupéry compuso El Principito exiliado en Nueva York tras haber combatido en la Segunda Guerra Mundial. Astrid Lindgren sobrellevó las adversidades del mundo adulto narrando las disparatadas y divertidas aventuras de Pippi Calzaslargas y Rohald Dahl sucumbió al poder de la imaginación rescatando la alegría en obras como Matilda o Charlie y la fábrica de chocolate, estas fueron sus armas para hacer frente a la tristeza de un pasado marcado por la muerte de sus seres queridos. De todos ellos recibimos un soplo vital. En el paréntesis que dura su obra disolvemos las prisas viajando a una infancia que es camino a la felicidad. Historias representadas por niñas y niños valientes que llenan de luz sus vidas. Puede que los Reyes Magos leyeran nuestras cartas regulín pero en los veranos en los que las persianas no podían contener las ganas con las que amanecía el sol se repetía un pequeño paraíso del que no éramos conscientes. Pegados a la silla, sin pestañear y con el desayuno frente a nosotros acompañábamos a nuestros protagonistas favoritos. Entre muchos otros, futbolistas japoneses o una niña que dormía en una cama de heno y amaba a la naturaleza. En esa simplicidad está el verdadero tesoro de mi generación, en los veranos que nos tocaron vivir ajenos a todas las experiencias acumulativas en las que media el dinero, saboreando el momento con leche chocolateada, miel pops o pan de pueblo tostado untado con mantequilla y mermelada. No sabíamos que la felicidad era eso. Padres que nos prestaban atención y tiempo para ser niños.









Qué gusto mirar hacia atrás. No sé si fue suerte, pero lo cierto es que me alegro de aquella época y de lo que nos enseñó a disfrutar ciertos momentos que hoy parecen impensables.
Debió dejar su poso en nosotros y quizá por eso hoy disfrutamos de la naturaleza o el arte de lo cotidiano 😉
Como siempre que te leo : ¡ Qué ganas de ir allí !
Encantada de leerte. Muchos besos
Bueno, estoy convencida de que ya has viajado a este capítulo de los Alpes, cada vez que encendías el televisor para seguir las aventuras de Heidi 😉 Gracias por tu comentario. Muchos besos!!
Que tiempos!. Los de Heidi. Me emociona lo que escribes porque los que hemos sido padres en la época de Heidi, Marco y Los caballeros del Zodiaco echamos mucho de menos a esos niños que eran felices ante el televisor. Gracias por llevarme a esos maravillosos días.
Esos niños que se llevaban el mando a distancia incluso al colegio jaja. Hay muchas anécdotas estupendas!!