
En el corazón fértil de la Vega, envuelta en el murmullo de los vientos de Sierra Nevada, se encuentra una ciudad que es una explosión de arte, mestizaje y melancolía. En Granada se alza la fortaleza roja de la Alhambra y el Generalife, esplendor del reino nazarí que nos invita a perdernos en la infinita belleza de las inscripciones caligráficas que, acompañadas de estucos con motivos florales y una danza geométrica, surcan las paredes de sus patios y palacios. Hay bóvedas que representan el firmamento islámico y una arquitectura jardinera que encierra las torres de la fortaleza entre setos y arcos de rosas y espinas. Subiendo desde el Paseo de los Tristes hasta el mirador de San Nicolás, las empinadas y angostas calles del Albaicín seducen al paseante con balcones enrejados de buganvilla, celosía, muros blanquecinos por los que rebosa el jazmín, ventanas de doble arco y bares de tapas que responden al nombre de Casa.
Las jugosas semillas de Granada
Entre borrasca y borrasca se han colado unos rayos de sol que sonrojan a la antigua morada del sultán Boabdil. Guitarras, palmas y cantaores flamencos se reúnen en improvisados conciertos para poner música a las horas de sol. Granada contiene algunas de las semillas más jugosas del panorama artístico español. Bajo su cielo se mezclan generaciones de flamenco, rock and roll y punk. Aquí surgieron algunas de las composiciones más célebres de Manuel de Falla y los himnos generacionales de Los Planetas y Lori Meyers, el sonido rockero de Miguel Ríos, Lagartija Nick o 091 y el flamenco revolucionario de Enrique Morente. El disco Omega es un convenio exquisito de artistas. En esta ciudad el arte encuentra su refugio y salvación. Así lo sintió el poeta más grande del siglo XX, Federico García Lorca, en sus inicios y en su final. Visionario y amante de la vida con todas sus contradicciones tenía lo que se conoce como duende, en palabras de Goethe: «poder misterioso que todos sienten y ningún filósofo explica». En este viaje nos adentramos en los mundos de Federico, en los abrumadores paisajes de Granada y en su emoción más romántica. Campos de aceituna que son oro líquido, jaleo, amor brujo y rincones coronados por la fragancia del arrayán, el romero y el tomillo. BIENVENIDOS
Una escena musical de lo más variopinta
Callejear por Granada es dejarse guiar por una escena musical de lo más variopinta. Desde los años sesenta hasta nuestros días ha generado un cúmulo de bandas musicales de las que dejan huella, pero también ha sido lugar de inspiración para el líder del grupo londinense The Clash o trampolín para Zahara. Bares como La Tertulia, Peatón o Planta Baja le hicieron ver a la cantante ubetense que quizá podía dedicarse a vivir de este oficio. Además de escenarios donde tocar e hinchar el pecho con los primeros aplausos, hay también una gran cantidad de locales de ensayos y algún que otro bar mítico donde los botellines de 1925, las copas de manzanilla y los chatos de contraviesa propician el encuentro. Hay en estos templos de la barra y taburete un caldo de cultivo delicioso en el que se favorecen las sinergias musicales. Así fue como a las tres de la mañana, mientras sonaba una canción del disco Sacromonte, Lagartija Nick se vino arriba. Comenzó a hacer percusión con los vasos, con el entusaismo rompió varios y hasta se hizo sangre. Cuenta en entrevista para Ariel Rot que Enrique Morente le dijo «te has pasado de huerta» a lo que él le respondió «¿eso es bueno o es malo?». Debía ser buenísimo porque de ahí surgió la idea de quedar para hacer algo juntos. Entre los versos de Federico, la grandiosidad de Enrique y ese misticismo de batería basado en la Semana Santa nació Omega, uno de esos discos que sientan un antes y un después en la música. Flamenco de autor con tintes rockeros, el influjo de Leonard Cohen y las vanguardias lorquianas. Fue tan transgresor que el público no lo entendió. A Lagartija Nick incluso lo echaron de la discográfica. Sin embargo, el tiempo les dio la razón y Omega hoy es leyenda de la música.
«Granada es el prozac y la ración generosa de serotonina»
Insistiendo en esa idea de que el arte es bálsamo para la pena, Granada es el prozac y la ración generosa de serotonina. En Casa Juanillo, un restaurante asentado en uno de los balcones naturales del Sacromonte, se le escapó la emoción a Joe Strummer. Conmovido por la puesta de sol que enardecía el alcázar declaró al músico y periodista Jesús Arias que si su hermano hubiera visto la Alhambra nunca se habría suicidado. Strummer llegó a Andalucía motivado por un romance con una spanish bomb, los ritmos flamencos, el rock made in Spain de los 80 y las letras de Federico. Era tanta la devoción por el poeta que una noche fue hasta el barranco de Víznar con una pala para buscar sus restos. El cantante de los Clash era feliz perdiéndose por las calles cercanas a El Rinconcillo, ayudando a los músicos callejeros, comiendo los pimientos de Casa Juanillo y colaborando con los nuevos proyectos musicales que surgían en la ciudad. Hoy se le rinde homenaje en una plaza que lleva su nombre pero sobre todo forma parte de la jugosa memoria de Granada.
Los mundos de Federico
Transitar los mundos de Federicos es viajar por los escenarios que nutren su obra. Las animadas charlas al calor de los fogones, el gusto por las canciones populares, esa verdad rural en la que se hilvanan encanto y dureza y las señoriales casas en cuya penumbra cohabitan y se enzarzan los secretos. De esta última receta surgió La casa de Bernarda Alba, una de las piezas más representativas de su legado literario, una historia que el escritor conocía al dedillo, pues eran vecinos. Artista hipersensitivo sentía la tierra y todo lo que enraiza en ella como la sangre recorre las venas y riega el cuerpo de vida hasta la última exhalación. Federico nació en el seno de una familia acomodada y desde muy temprana edad se convirtió en el ojito derecho de sus padres. Siendo el primogénito querían que dirigiera el negocio familiar pero él tenía ideas propias y un camino que se apartaba de la tradición impuesta. «A mí ya no me podéis cambiar. Yo he nacido poeta y artista como el que nace cojo, como el que nace ciego, como el que nace guapo. Dejadme las alas en su sitio, que yo os respondo que volaré bien». Deambular por las calles humildes de Fuente Vaqueros y orgullosas de Valderrubio, escuchar el dictado del agua en las cercanías del río Cubillas y perderse en el horizonte que colorean los campos de cultivo es adentrarse en las geografías donde se originó la mirada que determina al artista y cuestiona al mundo. Un universo literario que ha encandilado a medio planeta.
La obra de Federico
Una parada indispensable en los mundos de Federico es la Huerta de San Vicente. Paredes blancas como la escarcha y marcos verdes como el viento, como las ramas de su poema. Posar la mirada sobre la loza en la que comió, la silla que usó o el piano con el que soñó ser músico es un acto que emociona a cualquiera de sus lectores. En secreto acaricio el escritorio en el que dio a luz sus obras. Apoyado en esta mesa transcurrían las noches en vela mientras daba sorbos de «café iluminador» (café y un chorrito de espirituoso). En la soledad de la madrugada, sintiendo el viento que frota la higuera, veía la luna gitana rodar por las montañas y le asaltaba una imaginación llena de gracia y sin límites creativos. Defiende el poeta granadino Luis García Montero que la historia es también la de los sentimientos y que la vulnerabilidad es lo que nos define. La obra de Federico está cuajada de una pureza emocional sofisticada que se escapa de los tópicos y pone en alza las pasiones que nos humanizan, las que nos estremecen. Mariana Pineda, Yerma, Bodas de sangre, Romancero gitano o Poeta en Nueva York son algunos de los títulos que nos hacen palpitar.
En el Barranco de Víznar encontramos a un grupo de trabajadores que se afanan en desenterrar un par de fosas. Hay en este bosque de pinos resineros un sentimiento profundo que hace temblar el suelo que nos ancla. Estos árboles se sembraron entre 1950 y 1960 siguiendo un ambicioso plan de reforestación cuyo objetivo era ocultar las fosas ilegales de enterramientos de las víctimas de la Guerra Civil. Un escenario de fusilamientos masivos que se ha convertido en un lugar de la memoria en el que hay placas y ramos de flores que lloran un pasado trágico y cruel. En la plaza de la Romanilla, muy cerca de la catedral, se encuentra el Centro Federico García Lorca. Una institución que cuida el legado del artista; su biblioteca personal, dibujos realizados por él, su correspondencia y sus manuscritos en una cámara que es el corazón de este edificio blanco en el que la luz salta y se difunde igual que la palabra escrita, igual que la verdad soterrada.
Universalizar Granada
La literatura es un viaje a universos lejanos. La ficción que brota de los libros nos permite sumergirnos en innumerables historias y asomarnos a geografías inimaginables. Si en 1832 fue la delicada combinación de fantasía y realidad de los Cuentos de la Alhambra lo que cautivó a románticos aventureros a viajar al sur y universalizar Granada, hoy los caminos parece que nos llevan a Federico. Descubrimos con nuestros propios ojos cómo la ciudad se expresa en el dueto cantarín de sus ríos, la cultura gitana del Sacromonte o el escenario del antiguo concurso de cante jondo. Añádanle unas guindas de aguardiente que tanto disfrutaba desde niño. Nos despedimos de Granada con sobremesas coronadas por la yema tostada de los piononos y una ruta de locales de desayuno tan sabrosos como Malamiga o El Huerto de San Antón. Croissants de autor y huevos benedictinos al estilo andaluz. Embobados por la hermosura de sus cármenes, la calle comercial del Zacatin y la Plaza Larga, centro neurálgico del Albaicín y punto de encuentro de gorriones al acecho de miguitas de pan. No hemos podido evitar asomarnos a la Capilla Real, donde descansan los Reyes Católicos y una incomprendida reina Juana. Bocadillos originalisimos en Aliatar, cócteles de autor en 3 onzas y ostras con cava en Puerta del Carmen. Pero sobre todo conciertos con cantantes sobrecogidos y un recorrido por las psicogeografías de Federico. Muchos años después España no te ha olvidado.
Precioso el texto sobre la maravillosa Granada, me ha encantado
Muchas gracias, Victoria 🙂
Una gran descripción de Granada.
Gran escritora.
Muchísimas gracias, Mariano 🙂
Qué paseo más bonito por Granada. Desayunos increíbles, pero también ruta de tapitas. Una ciudad que rebosa arte y duende en cada esquina. Yo podría vivir a base de Federico y pescaíto frito.
Siguiendo a Federico solo podía haber un viaje plagado de emociones, con duende y arte que se escapa del Sacromonte. Gracias por tu comentario!! 🙂
Y otra vez me he enamorao de mi Graná.