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Luz de otoño en Canadá

preciosa cabana canadiense escondida tras las hojas doradas de los arboles canadienses durante la estacion de otono. Fotografia de inspiracion viajera capturada por Clara Colorin Colorado para el blog de viajes Psicogeografias, de Escribo porque Hablo Bajito.
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preciosa cabana canadiense escondida tras las hojas doradas de los arboles canadienses durante la estacion de otono. Fotografia de inspiracion viajera capturada por Clara Colorin Colorado para el blog de viajes Psicogeografias, de Escribo porque Hablo Bajito.

Sin apenas darnos cuenta comienzan a dorarse los bordes de las hojas de los árboles. En los interminables días de verano bebieron la energía del sol empleando su clorofila verde para generar el alimento que necesitan para crecer. Durante este proceso de fotosíntesis su naturaleza transformó con sabiduría las moléculas de agua en oxígeno que liberaron a la atmósfera a través de los microscópicos poros de sus hojas. Es parte de la ciencia que permite la vida en la Tierra. Ahora que se acerca el invierno los días se han acortado, la fuerza que emana del sol disminuye y, como consecuencia, millones de árboles hacen algo asombroso. Lentamente extraen su clorofila y a medida que el pigmento verde se descompone hasta desaparecer se revelan en sus hojas el resto de tonalidades. Los bosques de robles, abedules, hayas y arces se tiñen primero de dorado, luego del color del azafrán y, si las condiciones de sol, frío y humedad cuajan, explotan en un rojo tan puro como el del rubí. Caminar por los espesos bosques de la región canadiense de Ontario rodeados de belleza, disfrutando de cómo la luz se filtra por sus hojas cada vez más finas, es una forma de llenarnos de vida. Algo crece dentro de nosotros, quizá hemos cambiado los papeles y fruto de la contemplación somos nosotros los que hemos empezado a hacer algún tipo de fotosíntesis porque el paisaje nos llena de energía. Bandadas de gansos vuelan en forma de flecha sobre nuestras cabezas en busca de tierras más cálidas. El que va a la cabeza guía al grupo e impulsa a los que le siguen con el batir de sus alas. Este curioso efecto dominó en el que la corriente ascendente facilita el vuelo de los otros permite ahorrar hasta un setenta por ciento de energía en comparación con las aves que lo hacen solas. El liderazgo se turna y recae en los más fuertes y experimentados, los que han aprendido las rutas migratorias. Si la memoria les falla su instinto jamás les traiciona, tienen una brújula interna articulada en torno a la posición del sol, las estrellas y el campo magnético terrestre. En condiciones favorables los gansos canadienses pueden recorrer hasta mil kilómetros al día. Para evitar que los ánimos decaigan y animar a los que van en la punta, el resto de la bandada emite llamadas de estímulos, es su «¡venga, vamos!». Especies como el vencejo de chimenea, nativo de la parte más oriental de Canadá y del noroeste de EE.UU., hace algo todavía más asombroso: es capaz de dormir mientras vuela. Son intervalos muy breves en los que uno de los hemisferios de su cerebro descansa mientras el otro se mantiene activo con el objetivo de mantener el vuelo. Para vigilar el entorno conservan abierto el ojo del lado activo del cerebro. La adaptación de la naturaleza es extraordinaria.

chica de perfil respirando aire puro en los bosques de canada. Fotografia de inspiracion viajera capturada por Clara Colorin Colorado para el blog de viajes Psicogeografias, de Escribo porque Hablo Bajito.

Combinación de paisajes en Canadá

Situado en la cumbre del continente americano se encuentra uno de los países más emocionantes a nivel paisajístico. Canadá ofrece costas salvajes en las que descubrir playas vírgenes y otear el soplo de aire caliente que expulsan las ballenas. En las profundidades marinas nadan toneladas de krill que alimentan a familias enteras de cetáceos. En el lado oeste hay afiladas montañas peinadas por extensos glaciares donde el frío encuentra su protección natural, pero también los osos, los caribúes o el vuelo rapaz de los halcones. En la región de Ontario se hallan los lagos más extensos del mundo, enormes cuencas cubiertas de agua dulce cuyo color en los días de sol nada tiene que envidiar a las del Caribe, podríamos equiparar su tonalidad incluso a un estado espiritual que trasciende de nuestra percepción visual. Siguiendo este deambular por los cielos, algunas tribus creían que era aquí donde moraba el alma de los muertos. Otras pensaban que las luces danzantes que se dibujan eran los fuegos que prendió el creador Nanabozho para que sus criaturas le recordaran en su marcha hacia el norte. La explicación más hermosa y poética la ha aportado la ciencia, es el viento solar que colisiona contra el campo magnético de la Tierra generando un espectáculo de luces conocido como auroras boreales. Partículas aceleradas que chisporrotean trazando el firmamento en una conmovedora paleta de colores que aparecen y desaparecen esbozando las fronteras reales de nuestro mundo con el resto de la galaxia. Nuestra estancia en Canadá es la excusa para volver. Dejamos atrás los rascacielos acristalados del centro de Toronto, la CN Tower con su aguja apuntando al cielo y la multiculturalidad de los torontianos a los que les gusta denominarse bajo el apodo de sixers, apelativo más informal que les une y hace referencia a los códigos telefónicos de los municipios que crearon la actual Toronto. Calles limpias y tranquilas donde el tráfico no enturbia el estilo de vida relajado de sus habitantes. Escuelas y parques en los barrios más residenciales, amplias viviendas familiares de estilo georgiano y neotudor preparadas para la llegada de Halloween. Suena la voz rasgada y luminosa de Bryan Adams cuando salimos de la capital de Ontario y aparecen a ambos lados de la carretera campos de cosecha y puestos de calabazas, bandadas de pájaros en orden militar cruzando el cielo y un horizonte donde la naturaleza no encuentra límites.

  • fachada de una casa tipica canadiense rodeada de grandes arboles. Paisajes de otono en Canada. Fotografia de inspiracion viajera capturada por Clara Colorin Colorado para el blog de viajes Psicogeografias, de Escribo porque Hablo Bajito.
  • buzon de color rojo sobresaliendo en una de las carreteras de canada en la region de ontario. paisaje de otono. Fotografia de inspiracion viajera capturada por Clara Colorin Colorado para el blog de viajes Psicogeografias, de Escribo porque Hablo Bajito.
  • cabana situada sobre riscos en la region canadiense de ontario. Paisajes de otono. Fotografia de inspiracion viajera capturada por Clara Colorin Colorado para el blog de viajes Psicogeografias, de Escribo porque Hablo Bajito.
  • cabana de madera roja tras matorrales y arboles con los colores de otono en canada. Fotografia de inspiracion viajera capturada por Clara Colorin Colorado para el blog de viajes Psicogeografias, de Escribo porque Hablo Bajito.

Las raíces canadienses

Es curioso cómo la huella británica se mantiene presente en la identidad canadiense. La casa de Bob, el lugar en el que nos alojamos, es un museo en el que no falta ningún retrato de los miembros de la familia real británica. Muestra orgulloso la bandera nacional, el icónico osito de Harrods y fotografías de sus viajes al país, pero sobre todo cuenta anécdotas y habla sobre ellos con la cercanía propia de los que quedan cada tarde para tomar el té con scones y pastas de mantequilla. Para entender esta pasión conviene saber que los primeros británicos en llegar a estas tierras fueron los expulsados de Estados Unidos por su lealtad a la Corona tras la independencia. Una de las decisiones más importantes que tomaron fue mantener los lazos con la monarquía. No fue solo una cuestión de lealtad, fue también una razón para obtener beneficios como protección política y militar frente a su vecina Estados Unidos o conseguir mejores oportunidades diplomáticas y comerciales con otros países por ser miembro del Imperio. Copiaron parte del estado de bienestar y avanzaron a la velocidad del ferrocarril, medio de transporte que también reprodujeron. A día de hoy Canadá es miembro de la Commonwealth y reconoce al monarca de Reino Unido como Jefe de Estado. Pero las raíces socioculturales de Canadá son más profundas y en algún momento del discurso de Bob se me viene a la cabeza quienes habitaron este territorio mucho antes que los británicos. Los pueblos indígenas como los anishinaabe, los haudenosaunee y los algonquinos construyeron aquí su vida, en las orillas de los ríos y lagos. Ellos honraron el suelo que pisaban e incluso los cielos vistiendo sus cabelleras con plumas. Para ellos poseían un significado profundo y portarlas les conectaba con el mundo espiritual, puesto que provenían de las aves que habitan los cielos. Eran el premio a un gran logro del tamaño de lucha con un oso o vencer al enemigo en combate, por lo que también significaban fuerza, valentía, respeto, sabiduría y libertad. Estas tribus seguían los ciclos naturales, practicaban la caza, la pesca y una agricultura primigenia que les obligaba a ser casi nómadas. Desmonataban los tipis o abandonaban los wigwams y se marchaban a lugares donde fuese más fácil conseguir alimento. Su migración era una estrategia para sobrevivir aprovechando los recursos de la madre tierra. El legado de los nativos está ahí, en vivir en consonancia con el entorno y es tan trascendental en Canadá que ha influido generando una visión holística de la naturaleza. La tierra, el agua y los seres vivos son tratados desde el respeto, la responsabilidad y el cuidado. Los canadienses son conscientes de que parte de su riqueza cultural y espiritual nace aquí. 

  • carretera zigzagueante de canada con señales de trafico y muchos arboles con los colores de otono rodeandola. Fotografia de inspiracion viajera capturada por Clara Colorin Colorado para el blog de viajes Psicogeografias, de Escribo porque Hablo Bajito.
  • chico en un sendero de ontario, canada, rodeado de naturaleza. Fotografia de inspiracion viajera capturada por Clara Colorin Colorado para el blog de viajes Psicogeografias, de Escribo porque Hablo Bajito.
  • carretera canadiense rodeada de grandes arboles con los colores de otono, al fondo de la imagen se puede ver una caravana aparcada. Fotografia de inspiracion viajera capturada por Clara Colorin Colorado para el blog de viajes Psicogeografias, de Escribo porque Hablo Bajito.
  • chica en una carretera mirando hacia el fondo rodeada de naturaleza de otono en canada.Fotografia de inspiracion viajera capturada por Clara Colorin Colorado para el blog de viajes Psicogeografias, de Escribo porque Hablo Bajito.
  • avionetas de color amarillo aparcadas en un lago de ontario, canada Fotografia de inspiracion viajera capturada por Clara Colorin Colorado para el blog de viajes Psicogeografias, de Escribo porque Hablo Bajito.
  • chico de espaldas caminando en un bosque de la region de ontario en canada. Fotografia de inspiracion viajera capturada por Clara Colorin Colorado para el blog de viajes Psicogeografias, de Escribo porque Hablo Bajito.
  • bosque canadiense con hojas doradas en los arboles y de color naranja en el suelo. paisaje de otono en canada. Fotografia de inspiracion viajera capturada por Clara Colorin Colorado para el blog de viajes Psicogeografias, de Escribo porque Hablo Bajito.
  • bosque de ontario al fondo del lago con los colores propios de otono en canada. Fotografia de inspiracion viajera capturada por Clara Colorin Colorado para el blog de viajes Psicogeografias, de Escribo porque Hablo Bajito.

Paisajes de otoño en Canadá

A escasa media hora del pueblo de Bob, entre la Bahía Georgian y el río Ottawa, se extiende el legendario Algonquín. El más antiguo e importante parque natural, no solo de la región de Ontario, sino de Canadá. En su espesura el oso se prepara para hibernar y aúlla el lobo, mientras los castores se decantan por construir presas en el murmullo líquido de ríos y arroyos. Sus más de siete mil seiscientos kilómetros cuadrados compuestos de lagos y ondulantes colinas cubiertas de interminables bosques de arces, pinos o robles han hecho de Algonquín uno de los principales destinos donde presenciar el cambio de color que la naturaleza experimenta en otoño, el fenómeno más celebrado de la estación. La propia web del parque elabora un mapa interactivo que muestra la evolución de las tonalidades de las hojas cada semana. Ofrece datos sobre el color dominante, rutas recomendadas y consejos enfocados a la logística. Sin embargo, nunca llegamos a Algonquín. El camino hacia el parque está plagado de una belleza que obnubila y obliga a aparcar el coche, pisar la hojarasca y sentir la tierra mojada, llenar los pulmones de aire puro y las retinas de la viveza de los dorados, azafranes y rubíes que tiñen las hojas de los árboles. Encontramos buzones colorados, canoas en posición de reposo y carteles que aconsejan transitar lento. Así se viaja mejor. Explorando con curiosidad las cabañas que se asientan sobre los riscos o las que se esconden entre los troncos de arces, abedules y otras especies. Cuidando cada paso que damos para no romper la armonía de la naturaleza. Baila el agua del lago salpicando el muelle. Hay embarcaciones amarradas e incluso un par de avionetas amarillas en una de las orillas. Propietarios e inquilinos parecen desaparecidos. Las casas, aunque mantienen la leñera llena y las sillas del porche, permanecen solitarias sin el humo de la chimenea encendida o el irremediable aroma que se escapa de la cocina cuando hay vida en ellas. En su ausencia encontramos pelotas de golf, mesas de picnic y un botín de nueces enterradas por las ardillas. En una ruta improvisada a través del campo las piernas se hunden en las acolchadas capas de hojas caídas. En algunas zonas nos cubren hasta las rodillas. En pocas semanas el suelo entero será un colchón de hojas hasta que los animales lo allanen. Los árboles necesitan prepararse de cara a las sacudidas del viento y el peso de la nieve de las tormentas de invierno. Hasta entonces la viveza del otoño en Canadá es un espectáculo tan grande que puede verse desde el espacio. Una luz que transforma el paisaje elevándolo a la categoría de arte. En la inmensidad de los bosques de Ontario, rodeados de grandes árboles y aves que sobrevuelan nuestras cabezas siguiendo una ruta invisible, sentimos el poder de la naturaleza. Es momento de saborear la cosecha al calor del fuego, de volar buscando refugio en las imágenes que guardamos en la retina o el hemisferio que queda despierto aunque el cielo no guarde huellas.

8 comentarios en «Luz de otoño en Canadá»

  1. Canadá en Tecnicolor! Un viaje para repetir con calma y disfrutando chimeneas. Ahora quiero ver gansos!
    PD: El bueno de Bob se merece un artículo propio….

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