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Puro teatro en Mérida

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Teatro Romano de Mérida, Extremadura.

Llegaron a Extremadura sin mapas pero con un conocimiento del entorno excepcional que se forjaba de manera progresiva. En el caminar encontraron ondulantes colinas, praderas de amapolas y vastas dehesas donde las encinas y alcornoques brotaban de un suelo fértil regado por ríos y un cúmulo de afluentes. Al amanecer, antes de decidir la nueva ubicación del campamento, enviaban a ávidos exploradores a recabar información sobre la geografía, estudiar los recursos de la zona y observar los pueblos cercanos, entre los que estaban vetones y lusitanos. Pobladores de origen celta, organizados en castros amurallados cuya riqueza provenía de la ganadería. Viriato, uno de los más célebres líderes lusitanos ofreció una fuerte resistencia ante los nuevos colonizadores. Su fuerza y su astucia en el campo de batalla eran envidiables. Para acabar con él los romanos pusieron en práctica una de sus argucias favoritas: la traición. El cónsul Cepión prometió inimaginables riquezas a Audax, Ditalco y Minuro, los tres hombres de confianza de Viriato. Aceptado el encargo dictaminaron cometerlo de la manera más cobarde, mientras dormía atravesaron el robusto cuello de su líder con un puñal. Tras el asesinato reclamaron su recompensa a lo que Cepión contestó: «Roma no paga a traidores». Desmantelada la resistencia lusitana los romanos tenían la conquista extremeña en la palma de su mano. La Vía de la Plata, antigua ruta natural de los tartesos que recorre Extremadura de norte a sur, fue su principal vía de expansión. Un camino forjado en la piel de esta tierra ibérica por los pasos y la historia de los siglos, que enraiza en la prehistoria y es testigo de las antiguas civilizaciones. Lo que desconocían los romanos es que serían ellos quienes convertirían esta ruta en una de las más transitadas e importantes hasta la fecha.

Fundación de Augusta Emerita

En ese enjambre de caminos surgió una ciudad en la que la historia se posiciona como un elemento central: Mérida, fundada en el año 25.a.C. bajo el nombre de Augusta Emerita. Se construyó para que los soldados veteranos, que habían luchado con gallardía en las guerras cántabras, encontraran ese hogar patrio en el que descansar, curar las cicatrices y aliviar el alma. El paso del tiempo y una cuidada conservación del patrimonio han convertido a la ciudad en un interesante museo al aire libre que nos invita a sumergirnos en la vida de estos visionarios romanos. Es fácil imaginar las carreras de carros o los combates entre gladiadores en los que incluso podían participar las fieras. En esta primigenia Augusta Emerita se administró el territorio, se decidieron los movimientos de tropa y con el tiempo se alzó como un importante centro comercial en el que se promovía el intercambio cultural con las distintas regiones de Hispania. Transformada en capital de la provincia romana de Lusitania en ella florecieron los monumentales edificios públicos de los que todavía hoy disfrutamos. Eso sí, es posible que el orden de construcción sorprenda y despierte la curiosidad de las mentes más agudas. Mientras las neuronas se ponen a maquinar, aviso de que la última gran construcción fue el circo por su envergadura. Ahora sí, comenzamos este singular concurso. En la cuarta posición el Acueducto de los Milagros, una de las obras más relevantes de la ingeniería humana, que recogía el agua del embalse de Proserpina dirigiéndola hasta las fuentes, termas y viviendas privadas. Por encima de dar de beber a la población estaba esa compleja unión entre lo sagrado y lo político, por ello la tercera edificación fue el conocido como Templo de Diana, ubicado en el foro para honrar al imperio. En el número dos de este ranking de obras importantes está el anfiteatro, centro de entretenimiento y uno de los escenarios públicos más populares. Su forma ovalada aseguraba absoluta visibilidad, mostraba la jerarquía social y era una de las mejores herramientas de propaganda política. El ganador del concurso, el primer y más importante edificio: el teatro, lugar en el que verdaderamente se conectaba con la vida cotidiana. Es cierto que a nivel político y de entretenimiento su rol era muy similar al del anfiteatro, pero el teatro sumaba la versatilidad cultural, era didáctico y moralizante, servía para expresar ideas complejas, promovía la integración social y aunque era temprano para imaginarlo, los más sabios auguraban que sería un canal para dejar su legado cultural. Desde esa época remota Mérida nos enseña que la vida es puro teatro.

Estatua-Margarita-Xirgu-Medea-Merida
Estatua homenaje a Margarita Xirgu.

El sueño de Margarita Xirgu

Así, unidos en masa desde nuestro asiento de piedra calentita en verano, nos hemos enamorado del héroe, hemos caído en el pozo de las lamentaciones y en algún momento hasta nos hemos reído a carcajadas. El teatro une más que el pegamento o la cinta americana y los romanos lo sabían, eran listísimos. No se han encontrado registros históricos que nos digan cuál fue la primera obra que se representó en este magnífico escenario de sesenta metros. Cabe la posibilidad de que fuese una tragedia griega de autores como Sófocles o Esquilo, algo muy apreciado por los romanos. Quizá fue una comedia de Plauto o Terencio, los dramaturgos más populares del momento. Pero teniendo en cuenta la importancia que los romanos daban a la propaganda política hay muchas papeletas de que la primera actuación estuviese dedicada al emperador Augusto o al patrocinador del teatro, Marco Vispanio Agripa. Después de siglos de representaciones teatrales llegó la caída del Imperio Romano; el tsunami de la moralidad cristiana y la severidad del tiempo dejaron un teatro en ruinas en el que solo había quedado libre de tierra la grada alta, la summa cavea. Los emeritenses lo bautizaron con el nombre de «Las Siete Sillas». En 1910 comenzaron las labores de excavación y restauración, lo que supuso uno de los mayores hitos para la arqueología española y una puesta en valor del patrimonio arqueológico de Mérida. Varios años después, la actriz Margarita Xirgu visitó el teatro. Quedó tan impresionada por su majestuosidad que en su imaginación se fraguó la idea de actuar en él y devolverle la finalidad con la que nació. Cuentan sus familiares que la actriz acarició las piedras erosionadas, se recostó absorta al abrigo del sol y bajo el influjo del noble recinto comenzó a rememorar la mezquindad de los escenarios cerrados, el convencionalismo y la banalidad de las bambalinas. Fantaseó con el potencial y la belleza del lugar, sucumbió al encanto de las tragedias griegas y la ovación del público y entonces surgió el sueño. El 18 de junio de 1933 se hizo realidad. Encarnó el papel de Medea ante tres mil espectadores, entre los que se encontraba Manuel Azaña. Tras siglos de abandono, Margarita Xirgu no solo hizo resucitar a este tesoro romano, sino que además sentó las bases para el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, desde entonces es uno de los más importantes.

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Extremadura, un lugar al que volver una y otra vez

Más allá de su herencia cultural, Extremadura es un enclave con una diversidad de ecosistemas que demuestran su riqueza ecológica y paisajística. Es su aceite de oliva, el sabor de sus quesos y la exquisitez de su jamón ibérico. Son sus cielos limpios donde vuelan más de trescientas sesenta aves diferentes. Algunas, como la cigüeña, han encontrado aquí su nuevo hogar. Tony Wheeler, aventurero infatigable y creador de las guías de viaje Lonely Planet, confesaba en entrevista para Aimar Bretos que hay destinos a los que no hace falta regresar y otros a los que volver una y otra vez. El viajero reconocía que España era uno de estos últimos, y dentro de él le pareció interesante Extremadura. «Es una zona donde no hay muchos turistas, me encantan sus pueblos y me sentí bastante bien explorando lugares nuevos». Podríamos tomar el relevo de Tony Wheeler y conocer los secretos de esta tierra que invita a redescubrir. Blancas calles y plazas medievales que condensan siglos de historia comercial en Zafra. Muy cerca de la comarca de Tierra de los Barros el municipio de Salvatierra, cuyos ceramistas trabajan con sus manos un arte que evoluciona al tiempo que nos conecta con el pasado. En Almendralejo cada gota de cava es poesía líquida desde 1983. Relieve apalachiano y fósiles con más de quinientos ochenta millones de años en el Geoparque Villuercas-Ibores-Jara. Trujillo es una epopeya de conquistadores, un capítulo de la historia de España que arraiga con Latinoamérica y se traduce en lujosos palacios y casas señoriales. A escasos kilómetros está Cáceres, donde la historia late entre sus murallas, un lienzo medieval que susurra leyendas de tres culturas. Gargantas de agua helada, dulce y medicinal en La Vera y el Valle del Jerte, castillos y monasterios que han servido de descanso al emperador Carlos V. Plasencia es la cuna de Robe Iniesta, poeta, rockero y filósofo, embajador de esta tierra extrema y dura. Y así hasta un sinfín de rincones que forman parte de esta tierra ibérica. Un territorio con forma de espiral barrada en la que el carácter hermana sus municipios. Esa es la materia prima y el combustible de esta pequeña galaxia que se desparrama y nos demuestra que es única en su especie. Aunque los romanos llegaron sin mapas y sin guías quizá el camino estaba marcado por las estrellas.

4 comentarios en «Puro teatro en Mérida»

  1. Margarita estrenando clásicos en Mérida y su amigo Federico recorriendo España representando el siglo de oro con La Barraca. Qué época! Extremadura mola mil kilotes!

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