
Quizá cada vez menos, pero aún quedan algunos lugares de reposo para encontrarse a una misma. Pausar las prisas, transitar las emociones a cámara lenta y escuchar el latido que nace dentro de nosotras. Habría que dejar el trajín de la ciudad atrás, elegir una carretera de baja circulación, aminorar la velocidad del vehículo y, en consonancia, la propia. Tras varios kilómetros al volante, decantarse por el desvío en el que los campos sean una promesa del porvenir. Aparcar el coche lejos del ruido, respirar el aroma de la hierba recién cortada y la suave fragancia que se escapa de las rosas plantadas en la cabecera de cada hilera de vides. La fragilidad de esta planta es la primera en advertir al viticultor de plagas y enfermedades. Saltan los pájaros cantarines e incluso los insectos se tornan musicales. Es una dosis de oxígeno, con los ojos cerrados se detectan las notas de heno de las fincas colindantes, el petricor e incluso el hinojo silvestre que tanto gusta a los animales. Una vez allí, deberíamos descalzarnos, dejar los remilgos junto a los calcetines y pisar la tierra. Caminar por los pasillos de cepas sintiendo cómo los pies se hunden cuando se aproximan a los márgenes laterales, esos montículos que rodean las viñas y no solo estructuran, sino que también protegen y alimentan a las vides insuflándoles aire, nutrientes y un calorcito que favorece su ciclo vegetativo. Fue un lugar así, en un mar de vides y bajo el despilfarro solar, el que eligió Antonio para pronunciar uno de sus mejores discursos. «Esta es la tierra, Toni, y nosotros venimos de aquí. Pero no porque hayamos nacido en Sagrillas, no. Es porque todo lo que somos nosotros, todo lo que tenemos dentro nos lo ha dado ella. Todos los minerales, hijo, que tenemos. Hay que mezclarse. Todo. Esto viene desde el Big Bang, hijo. Todo. Las sales, la vida, esa electricidad que tenemos en el corazón que hace que nos conectemos con el universo y que aunque estemos dormidos respiremos. Todo eso viene de la tierra, hijo. Anda, písala bien, como si la abrazaras. Luego, algún día acuérdate cuando tengamos que decir ciao pescao. El cuerpo nos pedirá tierra. Volveremos a la tierra». Durante veintitrés temporadas los telespectadores españoles conocieron o volvieron a vivir la historia reciente del país a través de la familia Alcántara. Un relato íntimo y cotidiano en el que el vino no es una trama más, es un símbolo que ayuda a narrar la memoria colectiva y nuestro vínculo profundo con la tierra y las raíces de las que partimos, con la tradición agrícola, el entorno rural y el desarrollo de muchas regiones en relación a la viticultura en las que el esfuerzo y la resiliencia forman parten de la identidad de las personas.

Denominación de origen Rioja
En las zonas templadas, entre los paralelos 30º y 50º, se desarrolla el apasionante mundo del vino. En esta generosa delimitación se enmarca la denominación de origen Rioja, nuestro vino más internacional. Sus enólogos fueron los primeros en presentar un mapa territorial y un comité de control propio lo que con el tiempo se tradujo en la más alta calidad. El tempranillo es la reina de sus uvas autóctonas, la variedad por la que se decantaron hace siglos estos singulares alquimistas en cuyos vinos representa al menos el 85%. Tenían claro que su adaptabilidad climática, su resistencia y calidad la alzaban ganadora. Además madura temprano tal y como su nombre revela. Este zumo sagrado acostumbra a complementarse con otras variedades de uvas como el graciano, la garnacha tinta, el mazuelo o la maturana. De su mezcla surgen vinos intensos y de buena estructura, dignos de ser recordados y emocionarnos a través del paladar. Pero antes de conseguir la ansiada denominación de origen y su prestigio, figuras como Luciano Murrieta y Jean Pineau tuvieron una importancia trascendental. Ellos estudiaron el campo, analizaron su fruto y le aplicaron las técnicas de elaboración que seguían en Burdeos. A Murrieta y Pineau les debemos que los racimos se separen del mosto, las plantaciones estén alineadas para facilitar el trabajo y se críe en barricas de roble. La madera enriquece su perfil sensorial, transfiriendo aromas y sabores como el caramelo o la vainilla. También microoxigena, gracias a la porosidad de su materia, lo que repercute en que el color se estabilice y se suavicen los taninos. De la interacción de los taninos propios del vino (procedentes de la uva) con los del roble se origina un vino estructurado, equilibrado en boca y con capacidad de envejecimiento. Ambos adivinaron que algún día ese vino tendría que viajar a lo ancho y largo del planeta. El resultado es inmejorable, caldos suaves al paladar cuyo sabor perdura en el tiempo, lo que significa que se pueden exportar. La bodega Marqués de Murrieta fue pionera en hacer viajar un rioja en el año 1852. Mientras que Marqués de Riscal, para quienes trabajaba Jean Pineau, fue el primer vino no francés en alcanzar reconocimiento internacional consiguiendo el Diploma de Honor en la Exposición de Burdeos en 1895, distintivo que forma parte de su etiqueta.
Comprender a la tierra, admirar las manos que la siembran y trabajan
Pero para llenar las palabras de todo su sabor habría que comenzar por comprender a la tierra, admirar las manos que la siembran y trabajan. La Rioja es una cuenca vitícola que nace a orillas del río Ebro y se extiende a lo largo de cien kilómetros en los que el río da de beber a la tierra, la alimenta a base de nutrientes fértiles y ayuda a regular las temperaturas. La Sierra de Cantabria, la de Cameros y la Demanda la contienen de norte a sur y resguardan de los vientos más gélidos, aunque las heladas en su punto justo ayudan a eliminar esporas y parásitos de las plantas. La denominación Rioja se divide en tres zonas muy diferentes en cuanto al terruño y, en consecuencia, al sabor de su vino. En la Rioja Alta los suelos son arcillosos y regalan al vino la mejor acidez y una exquisita capacidad de envejecimiento. La Rioja Alavesa destaca por las notas de pizarra de la Sierra de Cantabria, su vino en boca tiene una reminiscencia mineral muy singular. La Rioja Oriental se caracteriza por sus suelos aluviales, estos retienen el agua y aportan un toque frutal a sus vinos. En las tres predomina el clima continental pero los aires que barren el océano Atlántico rebajan la graduación estival y refrescan los días de otoño en la Rioja Alta y Alavesa, mientras que la Rioja Oriental recibe el calor de la influencia mediterránea. La geografía de la Alta y Alavesa empuja a los trabajadores a cultivar en parcelas muy pequeñas y escalonadas. Con la azada y un profundo conocimiento laboran la tierra, con el cuidado de sus manos deshojan la vid y aclaran los racimos para mejorar su ventilación y concentrar los recursos de la planta en menos frutos. En la Rioja Oriental los campos son más llanos, los cultivos más amplios y mecanizados. La vendimia es el factor humano que hermana a las tres. En sus duras jornadas la gente del campo consolida su amor a la tierra y al fruto que crece de su entrega. Hay una frase preciosa en la que Mercedes Fernandez, la mujer de Antonio Alcántara, describe la incontinencia de ese amor tan particular y extendido a la vez: «Con cada vendimia el cuerpo de Antonio se impregnaba de un olor especial, mezcla de uva, de sudor y de tierra mojada. Era el aroma del esfuerzo, de la lucha, del afán de superación. Ese es el olor que me enamoró de Antonio». Estoy segura de que hay una España llena de campos de Antonios y Mercedes, que frente al mar de vides regresan a la esencia de lo que un día fueron, jóvenes deseosos de un futuro que imaginaban mirando p’arriba.
Enoturismo en La Rioja y Álava
La serie Cuéntame cómo pasó muestra la forma en que los gobiernos de Adolfo Suárez y Felipe González sentaron las bases para el desarrollo agrícola y viticultor del país, pero sobre todo cómo se dignificó el trabajo en el campo. Mejoraron sus derechos laborales, se avanzó en la regulación de salarios, se promovieron los subsidios y por fin se reconocieron los sindicatos agrarios y hasta se desarrollaron programas que fomentaban la propiedad de la tierra, una oportunidad para que fuera de quien la trabaja. Montados en la fantasía, los guionistas convirtieron a Antonio Alcántara incluso en director general del Ministerio de Agricultura, pero ya se sabe que las aventuras políticas no suelen acabar bien. Ahora volvamos a poner los pies en la tierra de La Rioja y la provincia vasca de Álava, en las estribaciones de bodegas y campos de viñedos. Allí se levantan municipios como Briñas, San Vicente de la Sonsierra, Hoyos, Briones, Elciego o Laguardia. Lugares que son un baúl de recuerdos y nos hablan de la esencia de lo que un día fuimos. Estos pueblos invitan a vivir lento y a empaparse de atardeceres en lo alto de sus colinas o al pie de la muralla, a contemplar el hogar igual que el cielo y recorrer el pasado (¡ay, si las piedras hablaran!) sin olvidarnos del buen comer con unas chuletillas al sarmiento. El éxtasis en boca está asegurado, ante la duda añádanle unas copas de rioja. Pueblos tranquilos donde las casas se alzan sobre los canchos, se utilizan mesas de barrica y las puertas se pintan del color de la pasión y los campos de otoño. En Briones, Elciego, San Vicente de la Sonsierra y Laguardia además se conserva una interesante red de calados históricos que atraviesa y conecta los barrios bodegueros. En esta estructura subterránea de bodegas-cueva Laguardia destaca con 232 bajo su villa histórica, algunas incluso se pueden visitar. No podemos irnos sin conocer Haro donde lo raro es no pertenecer a una familia vitícola. En esta tierra hay un talento innegable que invita a brindar, a saborear el momento y a recordarnos que somos tiempo.

















Precioso y documentado relato, una oda al vino y sus gentes. …Si, la tierra habla..y que somos cosecha y fruto!. No me gusta el vino pero después de leer esto, siento que me estoy perdiendo algo bueno.
No importa si no te gusta el sabor del vino, seguro que a partir de ahora lo ves de otra manera 🙂
Vino y Cuéntame, gustito. Ahora me apetece volver a Laguardia y descubrir esas bodegas.
No te preocupes, soy de la filosofía de que a Macondo siempre hay que volver 😉