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Vietnam, una historia pasada por agua

Conjunto de pescadores en Phu Quoc recogiendo peces secos en las redes, al fondo se pueden ver los barcos de pesca em el mar. Fotografía de inspiración viajera capturada por Clara Colorín Colorado para Psicogeografías, la sección viajera del blog Escribo porque hablo bajito

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Conjunto de pescadores en Phu Quoc recogiendo peces secos en las redes, al fondo se pueden ver los barcos de pesca em el mar. Fotografía de inspiración viajera capturada por Clara Colorín Colorado para Psicogeografías, la sección viajera del blog Escribo porque hablo bajito

El origen y el futuro de Vietnam pasa por el agua. Con más de 3000 kilómetros de costas e islas que beben del mar de China Meridional y el océano Pacífico los capítulos más importantes de este país han arribado con el viento que impulsa las velas e inesperados giros de timón. En esta tierra con forma de ese estirada habitaron los antiguos reinos, se desarrollaron importantes rutas comerciales y llegaron invasores que deseaban ver crecer su imperio adjuntando este país como puente estratégico o llanura fértil de recursos donde mana el arroz, el caucho y algunos tesoros tropicales como el nácar, las perlas, el marfil o la aromática madera de sándalo. Fue en la desembocadura del río Bach Dang donde los vietnamitas hundieron estacas de madera capaces de derrotar a la flota de Mongolia. Un ejercicio de estrategia que partió del conocimiento de las mareas. El pueblo dispuso en el lecho del río estacas afiladas, invisibles durante la marea alta, momento que aprovecharon para atraer a la flota enemiga. Cuando el agua descendió quedó inmovilizada. La escalada de confrontaciones con el gobierno estadounidense en agosto de 1964 marca un antes y un después en la historia internacional. La explosión del Maddox en las aguas del golfo de Tonkín fue la excusa que buscaba el ejército estadounidense para iniciar la guerra por el control de las aguas. El objetivo real era acuartelar al bloque comunista y obtener una clara ventaja en la arquitectura política de la Guerra Fría. Con más sosiego y menos belicismo la cultura de este pueblo humilde se ha nutrido de las comunidades que han desarrollado en el delta del río Rojo y el Mekong, en las labores y la perseverancia que inunda los arrozales de Sapa y en el conjunto de interacciones sucedidas en los puertos que desde tiempos remotos les han conectado con China, India e incluso el Mediterráneo. En estos puertos de madera iluminados por linternas y salpicados por cofradías de comerciantes y pequeños talleres se negociaba la seda, la porcelana, el té y especias como la pimienta. Mercancías muy codiciadas entre los siglos XV y XIX que produjeron un profundo impacto económico y social. Durante dos siglos Hoi An se convirtió en el puerto comercial más activo del Sudeste Asiático. La identidad vietnamita se enriqueció y tornó más cosmopolita con barrios extranjeros, arquitectura híbrida, la convivencia de diferentes religiones y nuevas lenguas que se hacían entender. Es por todo ello que Vietnam se entiende desde el agua y a ella la honran en cultos, rituales ancestrales e incluso en el dicho «cuando bebes agua, recuerda la fuente». Nos sumergimos en un país fascinante. 

  • barco de crucero en la bahía de halong, Vietnam. Fotografía de inspiración viajera capturada por Clara Colorín Colorado para Psicogeografías, la sección viajera del blog Escribo porque hablo bajito
  • barcos de crucero en las aguas de halong bay con la silueta de las pequeñas islas al fondo. fotografía de inspiración viajera capturada por Clara Colorín Colorado para Psicogeografías, la sección viajera del blog Escribo porque hablo bajito

Halong Bay

La forma más sencilla de llegar a la bahía de Halong es volando a Hanoi. Conducir es un ejercicio propio del nivel más alto del videojuego Mario Kart en el que el chófer sortea camiones de mercancía, motocicletas cargadas de familias y bicicletas que acarrean cestas, pilas de sacos, jaulas con aves o alforjas a ambos lados igual que en España lo hacían los burros en los núcleos rurales. Cuando abandonamos el paisaje urbano la carretera se estrecha y la vegetación tropical se desborda. El camino queda marcado por la hilera de cobertizos abiertos por el frente que actúan de tiendas en la que los vietnamitas exponen fruta, bidones de carburante y neveras con refrescos. El aire aquí se siente en casa y corre ventilando el espacio, combatiendo la humedad y la temperatura que acumula el tejado de chapa ondulada. Es habitual alargar estos puestos con toldos y sombrillas comidas por el sol bajo las que los tenderos alternan las partidas de cờ tướng con animadas charlas, toman té o café helado y, hasta que llega el jaque mate, mantienen un ojo puesto en la carretera esperando un autobús de viajeros. La primera recomendación al llegar a Halong Bay es hacerse con un sombrero cónico de paja de arroz trenzada u hojas de palma para protegernos del sol. El nón lá es, además de un icono cultural, nuestro antídoto a una posible insolación. Tomamos un barco y entre islotes navegamos igual que lo hicieron los primeros occidentales: maravillados. Exploramos cuevas en kayak y documentamos a golpe de click los recovecos marítimos de esta bahía. Las porciones de sandía que nos sirve el capitán aquí saben incluso mejor, más dulces y refrescantes en boca. El escenario de Halong Bay se originó hace quinientos millones de años con los movimientos orogénicos que durante el jurásico y el cretácico comprimieron y distendieron las placas de caliza. La roca quedó expuesta al aire, los cambios en el nivel de mar inundaron las formas y las erosionó hasta dejar a la vista la parte más resistente. La lluvia ácida y las olas marinas siguieron tallando este paisaje kárstico, creando pilares, valles y cuevas. El resultado de este proceso geológico son mil quinientos islotes que han hecho volar la imaginación de cineastas y ha quedado registrado en películas como Kong: la Isla Calavera o Indiana Jones y el Templo Maldito. Halong Bay también forma parte de la literatura de viajes y, por supuesto, de leyendas que atraen a viajeros que se mueren de ganas por ver este laberinto de islitas verdes. Cuenta una de esas leyendas que durante una de las invasiones chinas el Emperador de Jade hizo que una familia de dragones descendiera de los cielos escupiendo al enemigo enormes piedras de jade que en contacto con el agua pasaron a ser islas. Tras la victoria estas criaturas mitológicas decidieron dormir en su fondo marino. Así explican esta cadena de curvas calizas que entra y asoma del mar. Son las escamas y espinas de dragones que bajo el agua custodian Vietnam.

  • Chica recostada en el tronco de una palmera inclinada sobre el mar en la isla de Phu Quoc, Vietnam. Fotografía de inspiración viajera capturada por Clara Colorín Colorado para Psicogeografías, la sección viajera del blog Escribo porque hablo bajito
  • chica sentada junto a estrellas de mar de color carmesí en la playa de starfish, en la isla de Phu Quoc (Vietnam). Fotografía de inspiración viajera capturada por Clara Colorín Colorado para Psicogeografías, la sección viajera del blog Escribo porque hablo bajito

Isla de Phu Quoc

Al sudoeste del país, muy cerca de Camboya, se encuentra una isla de arena blanca y agua cristalina, en la que los largos troncos de las palmeras se recuestan a orillas del mar. Su aislamiento propició que durante el colonialismo francés construyeran aquí la Prisión de Cocos en la que encerraron activistas de la resistencia vietnamita. Hoy abundan las estrellas de mar carmesí, las embarcaciones pesqueras salpicando la costa y la calma. Esta isla recibe el nombre de Phu Quoc. La mayor parte de ella es una selva densa en la que los árboles tejen un enorme dosel que protege del sol a helechos y bambúes gigantes y un tapiz floral compuesto por orquídeas, begonias silvestres y myrtos violetas. Se escucha el canto del cuco y el silbido alegre de los bulbules entre las lianas. Cerca del mar el paisaje cambia, allí los manglares ganan terreno y actúan de colchón natural entre el bosque y el mar protegiendo la costa de tormentas, frenando la erosión y como criadero de multitud de peces, gambas y cangrejos. Es uno de los entornos naturales más curiosos, un caos de raíces en el que encuentran cobijo los pequeños reptiles. En este ecosistema los árboles tienen dos tipos de raíces: las que se hunden en la tierra fangosa para anclarse y las aéreas, que, buscando oxígeno son capaces de crecer hacia el cielo atravesando la tierra y el agua, parecen tubos de snorkel. Uno de los lugares más llamativos de Phu Quoc es la playa de Star Fish. Parte del sendero es de tierra arcillosa, asoman cocoteros y algunos chamizos de pescadores. Es necesario parar y ver cómo las familias extienden bandejas de bambú y esteras de ratán en las que secan pececillos plateados. Son anchovetas, los pescadores locales las capturan en masa y secan dejando actuar al calor tropical y la brisa marina. Cuando están deshidratadas duran meses sin refrigeración y es muy fácil encontrarlos en las tiendas de todos los países asiáticos, ya sea para consumir como tentempié o en guisos. Tienen un sabor muy potente, no apto para todos los paladares. Aunque el propio nombre de la playa avisa de lo que el viajero va a encontrar sorprende ver la afluencia de estrellas que descansan en su arena. La baja presión humana unida a las aguas cálidas y cristalinas de esta playa tropical son elementos muy atractivos para la vida de estos equinodermos. A pesar del tentador despliegue de tumbonas vacías en primera línea, el mejor lugar para disfrutar Starfish es en la orilla, rodeada de estrellas carmesí, esperando un microscópico movimiento de su cuerpo.

  • Conjunto de pescadores en Phu Quoc recogiendo peces secos en las redes, al fondo se pueden ver los barcos de pesca em el mar. Fotografía de inspiración viajera capturada por Clara Colorín Colorado para Psicogeografías, la sección viajera del blog Escribo porque hablo bajito
  • Camino de tierra rojiza con chico en moto y chavolas en los laterales en la isla de Vietnam Phu Quoc. Fotografía de inspiración viajera capturada por Clara Colorín Colorado para Psicogeografías, la sección viajera del blog Escribo porque hablo bajito
  • Restaurante callejero del centro de Saigón, Vietnam, con gente comiendo. Fotografía de inspiración viajera capturada por Clara Colorín Colorado para Psicogeografías, la sección viajera del blog Escribo porque hablo bajito
  • Edificio de cafeterías de la ciudad vietnamita de Saigon a plena luz del día. Fotografía de inspiración viajera capturada por Clara Colorín Colorado para Psicogeografías, la sección viajera del blog Escribo porque hablo bajito
  • tres hombres sentados jugando al cờtướng en las calles de Saigón, Vietnam. Fotografía de inspiración viajera capturada por Clara Colorín Colorado para Psicogeografías, la sección viajera del blog Escribo porque hablo bajito
  • Niños riendo en las calles de la ciudad de Saigón en Vietnam. Fotografía de inspiración viajera capturada por Clara Colorín Colorado para Psicogeografías, la sección viajera del blog Escribo porque hablo bajito
  • Rascacielos de la ciudad vietnamita de Saigón al fondo. Fotografía de inspiración viajera capturada por Clara Colorín Colorado para Psicogeografías, la sección viajera del blog Escribo porque hablo bajito
  • costa de Phu Quoc, Vietnam, salpicada de barcos de pesca y casas en el interior de la isla. Fotografía tomada por Clara Colorín Colorado desde el teleférico de Phu Quoc para Psicogeografías, la sección de inspiración viajera del blog Escribo porque hablo bajito

Presente y futuro de Vietnam

Estos animales son una de las rarezas naturales más hermosas. En lugar de cerebro poseen un sistema nervioso descentralizado, que en su caso se traduce en la existencia de un anillo nervioso alrededor de la boca y los diferentes brazos, los puntos más importantes de su anatomía. Y ahora la primera pregunta que se genera en toda mente curiosa: ¿cómo se mueven? El mecanismo podría compararse al de la bomba hidráulica. En el caso de la estrella el agua entra en un sistema de canales llegando a los pies tubulares que se alargan o retraen generando el movimiento según estímulos del entorno. Pero quizá lo más asombroso sea saber que nace siendo larva bilateral, como muchos otros animales, pero la estrella de mar, por transformación evolutiva, reorganiza su cuerpo durante la metamorfosis en un centro con cinco brazos para facilitar la interacción con el entorno desde todos los lados. No es posible que los seres humanos sumemos extremidades a nuestro cuerpo por mucho empeño que pongamos en la multitarea, es más probable que engruese nuestra piel para hacer frente al sol o que el cuello se vuelva más robusto para aguantar horas con la cabeza inclinada mirando la pantalla. Pero volvamos a las estrellas, regresemos al mar, de nuevo aquí está la próxima batalla a ganar. El aumento de la contaminación y de la temperatura de los mares amenazan la vida de miles de especies. Se complica su reproducción, la supervivencia de larvas y el alimento que necesitan. El plástico y la contaminación no solo dañan la calidad de sus ecosistemas, su ingesta además les puede causar la muerte. La esperanza está en la puesta en marcha de estrategias nacionales de economía azul sostenible y la ampliación de áreas marinas protegidas para conservar y restaurar arrecifes de coral, manglares y praderas de posidonia. Uno de los proyectos más interesantes a cargo de una ONG es Blue Corridor for Biodiversity and Fisheries Protection in Central Viet Nam. Su objetivo es crear un corredor marino en el que se conecten áreas protegidas en centros costeros no solo para mejorar la adaptabilidad y recuperación de los ecosistemas al cambio climático sino también para proteger hábitats que actúan de viveros, desove o forman parte de una ruta de migración. Aún así es posible que el gran esfuerzo vuelva a estar en manos del pueblo, en su sensibilización. Puede que el mayor culto sea recoger plásticos, reciclar y alargar la vida de aquello que usamos. Ahí está la verdadera fuente de un país que evoluciona y reajusta su comportamiento con el entorno, en la estrategia conjunta de millones de habitantes dueños de su conciencia. No debemos olvidar que el mar empieza en nuestros baños y cocinas.


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