Estimated reading time: 12 minutos

El origen y el futuro de Vietnam pasa por el agua. Con más de 3000 kilómetros de costas e islas que beben del mar de China Meridional y el océano Pacífico los capítulos más importantes de este país han arribado con el viento que impulsa las velas e inesperados giros de timón. En esta tierra con forma de ese estirada habitaron los antiguos reinos, se desarrollaron importantes rutas comerciales y llegaron invasores que deseaban ver crecer su imperio adjuntando este país como puente estratégico o llanura fértil de recursos donde mana el arroz, el caucho y algunos tesoros tropicales como el nácar, las perlas, el marfil o la aromática madera de sándalo. Fue en la desembocadura del río Bach Dang donde los vietnamitas hundieron estacas de madera capaces de derrotar a la flota de Mongolia. Un ejercicio de estrategia que partió del conocimiento de las mareas. El pueblo dispuso en el lecho del río estacas afiladas, invisibles durante la marea alta, momento que aprovecharon para atraer a la flota enemiga. Cuando el agua descendió quedó inmovilizada. La escalada de confrontaciones con el gobierno estadounidense en agosto de 1964 marca un antes y un después en la historia internacional. La explosión del Maddox en las aguas del golfo de Tonkín fue la excusa que buscaba el ejército estadounidense para iniciar la guerra por el control de las aguas. El objetivo real era acuartelar al bloque comunista y obtener una clara ventaja en la arquitectura política de la Guerra Fría. Con más sosiego y menos belicismo la cultura de este pueblo humilde se ha nutrido de las comunidades que han desarrollado en el delta del río Rojo y el Mekong, en las labores y la perseverancia que inunda los arrozales de Sapa y en el conjunto de interacciones sucedidas en los puertos que desde tiempos remotos les han conectado con China, India e incluso el Mediterráneo. En estos puertos de madera iluminados por linternas y salpicados por cofradías de comerciantes y pequeños talleres se negociaba la seda, la porcelana, el té y especias como la pimienta. Mercancías muy codiciadas entre los siglos XV y XIX que produjeron un profundo impacto económico y social. Durante dos siglos Hoi An se convirtió en el puerto comercial más activo del Sudeste Asiático. La identidad vietnamita se enriqueció y tornó más cosmopolita con barrios extranjeros, arquitectura híbrida, la convivencia de diferentes religiones y nuevas lenguas que se hacían entender. Es por todo ello que Vietnam se entiende desde el agua y a ella la honran en cultos, rituales ancestrales e incluso en el dicho «cuando bebes agua, recuerda la fuente». Nos sumergimos en un país fascinante.
Halong Bay
Isla de Phu Quoc
Al sudoeste del país, muy cerca de Camboya, se encuentra una isla de arena blanca y agua cristalina, en la que los largos troncos de las palmeras se recuestan a orillas del mar. Su aislamiento propició que durante el colonialismo francés construyeran aquí la Prisión de Cocos en la que encerraron activistas de la resistencia vietnamita. Hoy abundan las estrellas de mar carmesí, las embarcaciones pesqueras salpicando la costa y la calma. Esta isla recibe el nombre de Phu Quoc. La mayor parte de ella es una selva densa en la que los árboles tejen un enorme dosel que protege del sol a helechos y bambúes gigantes y un tapiz floral compuesto por orquídeas, begonias silvestres y myrtos violetas. Se escucha el canto del cuco y el silbido alegre de los bulbules entre las lianas. Cerca del mar el paisaje cambia, allí los manglares ganan terreno y actúan de colchón natural entre el bosque y el mar protegiendo la costa de tormentas, frenando la erosión y como criadero de multitud de peces, gambas y cangrejos. Es uno de los entornos naturales más curiosos, un caos de raíces en el que encuentran cobijo los pequeños reptiles. En este ecosistema los árboles tienen dos tipos de raíces: las que se hunden en la tierra fangosa para anclarse y las aéreas, que, buscando oxígeno son capaces de crecer hacia el cielo atravesando la tierra y el agua, parecen tubos de snorkel. Uno de los lugares más llamativos de Phu Quoc es la playa de Star Fish. Parte del sendero es de tierra arcillosa, asoman cocoteros y algunos chamizos de pescadores. Es necesario parar y ver cómo las familias extienden bandejas de bambú y esteras de ratán en las que secan pececillos plateados. Son anchovetas, los pescadores locales las capturan en masa y secan dejando actuar al calor tropical y la brisa marina. Cuando están deshidratadas duran meses sin refrigeración y es muy fácil encontrarlos en las tiendas de todos los países asiáticos, ya sea para consumir como tentempié o en guisos. Tienen un sabor muy potente, no apto para todos los paladares. Aunque el propio nombre de la playa avisa de lo que el viajero va a encontrar sorprende ver la afluencia de estrellas que descansan en su arena. La baja presión humana unida a las aguas cálidas y cristalinas de esta playa tropical son elementos muy atractivos para la vida de estos equinodermos. A pesar del tentador despliegue de tumbonas vacías en primera línea, el mejor lugar para disfrutar Starfish es en la orilla, rodeada de estrellas carmesí, esperando un microscópico movimiento de su cuerpo.
Presente y futuro de Vietnam
Estos animales son una de las rarezas naturales más hermosas. En lugar de cerebro poseen un sistema nervioso descentralizado, que en su caso se traduce en la existencia de un anillo nervioso alrededor de la boca y los diferentes brazos, los puntos más importantes de su anatomía. Y ahora la primera pregunta que se genera en toda mente curiosa: ¿cómo se mueven? El mecanismo podría compararse al de la bomba hidráulica. En el caso de la estrella el agua entra en un sistema de canales llegando a los pies tubulares que se alargan o retraen generando el movimiento según estímulos del entorno. Pero quizá lo más asombroso sea saber que nace siendo larva bilateral, como muchos otros animales, pero la estrella de mar, por transformación evolutiva, reorganiza su cuerpo durante la metamorfosis en un centro con cinco brazos para facilitar la interacción con el entorno desde todos los lados. No es posible que los seres humanos sumemos extremidades a nuestro cuerpo por mucho empeño que pongamos en la multitarea, es más probable que engruese nuestra piel para hacer frente al sol o que el cuello se vuelva más robusto para aguantar horas con la cabeza inclinada mirando la pantalla. Pero volvamos a las estrellas, regresemos al mar, de nuevo aquí está la próxima batalla a ganar. El aumento de la contaminación y de la temperatura de los mares amenazan la vida de miles de especies. Se complica su reproducción, la supervivencia de larvas y el alimento que necesitan. El plástico y la contaminación no solo dañan la calidad de sus ecosistemas, su ingesta además les puede causar la muerte. La esperanza está en la puesta en marcha de estrategias nacionales de economía azul sostenible y la ampliación de áreas marinas protegidas para conservar y restaurar arrecifes de coral, manglares y praderas de posidonia. Uno de los proyectos más interesantes a cargo de una ONG es Blue Corridor for Biodiversity and Fisheries Protection in Central Viet Nam. Su objetivo es crear un corredor marino en el que se conecten áreas protegidas en centros costeros no solo para mejorar la adaptabilidad y recuperación de los ecosistemas al cambio climático sino también para proteger hábitats que actúan de viveros, desove o forman parte de una ruta de migración. Aún así es posible que el gran esfuerzo vuelva a estar en manos del pueblo, en su sensibilización. Puede que el mayor culto sea recoger plásticos, reciclar y alargar la vida de aquello que usamos. Ahí está la verdadera fuente de un país que evoluciona y reajusta su comportamiento con el entorno, en la estrategia conjunta de millones de habitantes dueños de su conciencia. No debemos olvidar que el mar empieza en nuestros baños y cocinas.











